El arte de perder - El Periódicu
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El arte de perder

“Perdí dos ciudades adorables. Y todavía más, algunas de mis posesiones, dos ríos, un continente…”. Este verso de la poeta Elizabeth Bishop que aparece en “El arte de perder”, es una hermosa vuelta de llave en la novela de la escritora francesa Alice Zeniter; quien a través de la escritura mayúscula, esa que nos sumerge como una gran duna en movimiento, nos hace partícipes de la angustia, la supervivencia y el desarraigo de esa familia africana que por culpa de las durísimas convulsiones que sufrió su país, tuvo que marcharse, como sigue sucediendo, de la tierra donde brotan sus olivos; de esas siete aldeas desperdigadas por las montañas que les dieron identidad y vida generación tras generación.

Opino que “El arte de perder” es más que una narración magistral por momentos: es un golpe de luz que te abre ojos y mente para permitirte ver tras disipar la bruma. Porque Naïma, esa joven francesa con alma argelina, recorre a la inversa el camino que, también por culpa de la convulsión que en este caso es la falta de empleo, recorre nuestra juventud para instalarse en Madrid, Londres o Berlín: Aska daska “el mañana es la tumba”, dice un antiguo proverbio de esas siete aldeas. Ojalá que no, esperemos que el mañana sea sinónimo de futuro para nuestra juventud. Pero a decir verdad no soy nada optimista, al menos mientras la juventud más preparada tenga que emigrar, y siga habiendo “señorías” cuyos status y sueldos están infinitamente por encima de su preparación, sin experiencia laboral aparte de su ascenso desde retoños en los ascensores de los partidos políticos.

Si esto no cambia, Aska daska, aunque por lo menos me quede el consuelo de que me vacunen en unos días gracias a la ejemplaridad de nuestro personal sanitario. Eso sí, ojalá no me mezclen vacunas. Que imagino que con eso pasa como con la sidra, que yo al menos siempre que la mezclo, póngome fatal: será por el cambiu climáticu.

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