Por septiembre, a las seis amanece y a las seis anochece - El Periódicu
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Por septiembre, a las seis amanece y a las seis anochece

Al acallarse los vocingleros gorriones,
antes de que los murciélagos extiendan su vuelo de seda,
las golondrinas trazan sus últimos revoleos sobre la antojana.
Las pocas que vinieron, ya se van…

Y no sé si es su adiós o el silencio que dejan la causa de esta soledad.
Como las despedidas que se pierden en el fondo del alma.
Aunque lo prometa el poeta, no tengo la certeza de que vuelvan.

En los primeros días de septiembre,
el aire se emborracha con el olor de las cosechas.
Es un pebetero la tierra toda.
Exhibiendo sus frutos sin pudor, como pechos rebosantes.
Huele a Ecce-Homo…

Y contemplo el reloj de la naturaleza. Inabarcable.
Las caléndulas, las hormigas. Este escarabajo, las lagartijas…
Las hortensias que acaricio ahora…

Germinan y crecen. Y se abren y nos perfuman…
Se agostan en el momento preciso.
Desarrollando su ciclo preestablecido: la vida.

Y, aunque no lo comprendamos, cada cual cumple su misión.
Subyugados bajo un influjo misterioso.

Y la villa se engalana tras la pandemia.
Quiere agasajar a su Nazareno.
Pero al Santo no lo bajarán en olor de multitudes.
Ni lo subirán a su peana, piadosos, los hombres de Argüelles.

Habrá alboradas de fiesta y jolgorio.
Se oirá de nuevo el estampido de la pólvora.
Y el gemido estridente de la gaita.
Y nuestros pies bailan solos.
Imitando el redoble del tambor.

Habrá novenario en la iglesia.
Rindiendo culto al Santo protector.
Entre cirios e incienso, las oraciones alcanzarán los cielos.
Y sonarán las campanas a gloria
Para ahuyentar este maleficio que padecemos.

Es septiembre y las golondrinas se llevan el verano.
Tal vez lo cuelguen de la luna. Como a la primavera.

Que volverá otra vez. Y las golondrinas.
Y también otro Ecce-Homo. Puntuales como las mareas.

Palabra.

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